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4 Comments ¿Emprender es ‘pecado’?

Si un muchacho recién graduado de la universidad, se atreve a decir: ‘mamá, papá, voy a iniciar mi propio negocio’, lo mejor que podría esperar es una mirada de angustia y confusión, o un sentimiento de decepción, en los casos más severos… ‘no gastamos todo ese dinero en tu educación para que te conviertas en eso’, como si emprender fuera ‘pecado’.
Claro, no es así en todas las familias, pero la cultura está lejos de celebrar a los emprendedores, especialmente quienes van iniciando.
Cosa muy distinta para los empresarios, los emprendedores consumados. En estos casos, los padres, familiares y amigos cercanos lo celebran… ‘siempre supimos que tendrías éxito’, aunque no la hubieran apoyado.
Pero la ironía es que la empresaria exitosa es admirada, pero no así el emprendedor haciendo sus ‘pininos’; por el contrario, muchas veces se le ponen todas las trabas posibles… como si emprender fuera ‘pecado’.
El caso es que muchos de los proyectos y sueños de emprendedores se van por la tubería del desánimo, la decepción, y hasta la humillación, cortesía de aquellas personas que dicen ser las que más quieren al chamaco, quien tiene la ilusión, la determinación y el valor de decir: ‘no voy a buscar chamba, voy a iniciar mi propio negocio’, sea por necesidad o por convicción.
Iniciar un negocio sí es complicado y sí es riesgoso, pero, ¿qué pasaría si más familias decidieran apoyar a sus hijos en el difícil proceso?
¿Será que estas y otras pruebas de fuego que el emprendedor padece, son en realidad el crisol que le da temple? Si sobrevive la falta de apoyo moral, tiene oportunidad de formar el carácter, agudizar la inteligencia, perfeccionar la estrategia y buscar los recursos para persistir a pesar de la adversidad.
Si aprovecha la retroalimentación y ajusta su propuesta, tendrá mayor oportunidad de declararse exitoso en algún punto del camino. Estas maniobras y ajustes a lo largo del camino son, para el emprendedor, el pan de cada día… y son clave.
La ironía, de nuevo, es que todo empresario exitoso, consumado y admirado inició como un ‘simple’ emprendedor, muchas veces sin recursos, otras muchas con deudas y finalmente sobrevivió el embate moral y económico de las famosas ‘crisis’ para convertirse en aquella persona que algún día soñó.
¿Podría ser entonces que los esfuerzos de familiares y amigos para desanimar al emprendedor e invitarlo cordialmente a que consiga un trabajo son en realidad parte del entrenamiento? ¿Será que las inyecciones de desánimo son vitales para formar anti-cuerpos de perseverancia?
Parece ser que sí. Desde dicha óptica, por qué no darle la bienvenida a la crítica y al desánimo (mientras sea pasajero), que finalmente resultan ser constructivos. Esos comentarios y sentimientos pueden derribar a una persona o motivar a otra.
Dedico estas líneas a toda persona quien se ha atrevido a emprender porque nos demuestra de qué está hecho.
Y es que, al final del día, emprender es más que iniciar un negocio, es ir en pos de aquello que con todo tu ser quieres realizar… y eso nunca, jamás, puede ser ‘pecado’.